El vino y sus paralelos (I)

Cuentos de mi amigo el Flaco (1ª parte)

Me lo recitó el Flaco una mañana de primavera mientras tomábamos unas copas de Airén fresquito en una terraza del Paseo de Recaredo. Allí, frente al lienzo más galán de la muralla toledana, entre estatuas de reyes visigodos y una panorámica bizantina del Tajo me contó, para que yo lo escribiera, cómo de bien le fue en su primera vuelta al mundo……

”Partí como enlazado por sobre la línea del paralelo 39,  saltando de país en país hasta regresar de un vuelo a lomos del  Trópico de Capricornio…..  “

paralelo_39º

HanzellChardonnay

*La primea baliza la tiró el Flaco a través del Atlántico Norte hasta la Costa de California, exactamente en el Condado de Sonoma comenzando allí su peripecia. Un granjero de Santa Rosa, dueño de un restaurante local  enseñaba a un grupo de advenedizos cómo se hacía el vino. Los muros encalados del local, con espadaña y campana incluida, recordaban pláticas y avatares de los monjes españoles que en su día plantaron por allí las primeras cepas. El Flaco pasó de adiestramientos y pidió una botella  de  Hanzell Chardonnay con la que mantuvo estrecha y afectiva relación hasta que la tarde se cayó del todo.

OportoToneles

*De poniente a levante y ya casi de noche lanzaba el Flaco su segundo hito que le llevó de capitán en una barca latina, llena desde popa a proa con cien toneles de Oporto. Entre azulejos pintados a mano y puentes de hierro alto nuestro hombre era una opción de aroma intenso y un  sabor dulce o un sabor seco. Siempre los caminos bifurcados, pensó, o la elección segura entre un Tawny de 10 años y un simple Calem por su juventud huérfano aún  de vainilla o avellana….

*Su tercera baliza la fijó en el centro de España, más o menoarrayan_mascaras por los alrededores de Méntrida un pequeño lugar equidistante en un país que produce vinos en todas las puntas de la rosa de los vientos. Allí recogió la máscara  del gran Eduardo Arroyo pegada a una botella transparente donde el magnífico Arrayán navegaba los varietales del norte en pacífica y golosa confusión.

Francia (2)_Mejorada_recortada*La cuarta etapa le llevó a Borgoña, un salto más de frío donde la finura del alcohol destaca siempre. Se puso a negociar el día con un piquete de aficionados al Pinot. El trato acabó cuando le invitaron, en un Château al suroeste de Dijon, a una copa de Latricières-Chambertin y comprobó que la vida buena es cara, que hay otra vida más barata sí, pero no es vida…

*El Flaco quiso pronto olvidar ese trasunto material más propio de hombres ceñidos que de viajeros transparentes y lanzó su baliza hasta Coblenza, esa esquina alemana que en realidad no es sino confluencia entre dos grandes ríos que allegados se funden: el Mosela y el Rin. De pie y sin nadie, fijando su mirada en el  delta, faja de plata, quizás sin alma, pero crecido de  azúcar suficiente para inventar la casta fresca y mineral de los mejores  Riesling, fue sorbiendo tragos ideales de un soberbio Fritz Haag hasta que quiso y pudo.

*Desde allí lanzó el Flaco un arco al mediodía y como en una música aterrizó en el Veneto. Valpolicella_BaroloEn formación perfecta estaban las terrazas, orientadas hacia el sur o hacia el sureste, mientras un murmullo de luz reverdecía abrazado a un mar con nombre de creador latino. Tirreno en el Amarone, vino neto de Tedeschi, Capitel del Monte Olmi, variedad Valpolicella. Le sirvió el vino esta vez,  una camarera veneciana. Y ya pensaba y bebía el Flaco, y ya pensaba y bebía y se acordaba de esa estrofa cosmogónica del vate Saint-John Perse que decía: “En nuestros cuerpos de mujeres hay un fermento de uva negra…”

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